


Mi piel
Fui una niña silenciosa, terca, concentrada en sus dibujos e inventos, solitaria y sociable a la vez. Fui una adolescente indómita, justiciera, y al mismo tiempo autónoma y responsable. Fui una joven viajera, movida por un impulso inagotable de aventuras y ganas de conocer el mundo y sus límites (y los míos). Fui una adulta ávida de conocimiento, enlazando una formación con otra, una experiencia con otra, siempre en búsqueda de mi propia esencia. Y cada vez que la encontré y llegué al final de un camino, inmediatamente apareció la siguiente inquietud y de nuevo me puse en marcha hacia mi siguiente destino.
Hoy, además de nieta, hija, hermana y tía, me vuelvo a vestir una nueva piel; ahora soy también madre y vivo con pasión, alegría y mucho agradecimiento, esta nueva aventura de acompañar y descubrir quién es y quién será mi hija JuneLur.
Es así como entiendo la vida y mi profesión como psicóloga y psicoterapeuta, un camino lleno de bifurcaciones en las que debo tomar decisiones que me apartan de una dirección y me llevan a otra. Con cada movimiento renuncio a algo y acepto algo nuevo. Con cada paso me visto una nueva piel y dejo atrás aquella que vino abrigándome pero que ya ha caducado. Y así voy escribiendo el libro de mi vida, cerrando un capítulo cuando ha sido culminado para empezar el siguiente y construir un nuevo significado para mi presente.
¿Acaso no es esto vivir? Ir tejiendo de retazos, experiencias y aprendizajes la propia vida? Vivir con profundidad cada viaje, con un objetivo inicial pero sin saber muy bien lo que depara la aventura. Aprender lo que la vida me regala, volver a casa enriquecida y empezar un nuevo viaje, tantas veces como la necesidad apremie y la vida alcance. Vivir, crecer y trascender…
(Más allá de lo que pueda parecer, muchas veces me perdí, en la oscuridad de la noche, la niebla de las montañas y la bruma del mar. Incluso entre la exuberancia de la selva me perdí… Por suerte, tantas veces me perdí y tantas veces me encontré.)
Desde la autenticidad.


Mi historia como terapeuta
Tuve la suerte de acertar con mi elección profesional. Entonces no lo sabía, ahora sí.
Empecé la carrera de Psicología en la Universidad del País Vasco y la terminé en la Universidad Autónoma de Barcelona. Al principio me dediqué a la rama de la Psicología Social y trabajé con; infancia en situación de abandono y desprotección; mujeres en situación de violencia machista; menores extranjeros no acompañados; Puntos de Encuentro Familiar; Resolución Alternativa de Conflictos, etc.
Entonces era muy joven y sentía la necesidad de curtir mi piel antes de seguir acompañando a personas en su caminar. Di un giro de 180º, estudié Cooperación Internacional para el Desarrollo en la UPV, me especialicé en Igualdad de Género, y esta decisión me llevó a pasar los siguientes seis años de mi vida en El Salvador, Centroamérica. Allí trabajé para la Universidad Nacional de El Salvador en Resolución Alternativa de Conflictos, fui voluntaria en la Concertación Feminista Prudencia Ayala y finalmente me dediqué durante cinco años a la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres, población Indígena y Afrodescendiente y colectivos LGBTIQ+ en Naciones Unidas.
Crecí y curtí mi piel. Sentí la necesidad de volver a mi vocación inicial; la Psicología. Tras mucho buscar y mucho experimentar decidí centrarme en la Terapia Sistémica Familiar y de Pareja e hice un Máster con la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar al que dediqué más de cuatro años entre formación, investigación y supervisión. Una vez más, siento que acerté con mi decisión. Y este fue el trampolín que me llevó a abrir mi primer despacho en 2014 y después a integrarme en el equipo terapéutico del Centro Laskurain, donde trabajé durante casi ocho años con personas adultas, parejas y familias. En los últimos años me formé también en Psicomotricidad y Arteterapia y esto me permitió llenar un vacío en mi formación y profundizar en el acompañamiento a “peques” y a sus familias en una etapa tan importante para la construcción del carácter.
Durante dos años participé en el proyecto “Escuela de Madres y Padres” financiado por el Ayuntamiento de Pamplona y compartí con cientos de personas sus experiencias en la crianza desde un enfoque divertido, cálido y creativo. Una experiencia intensa y maravillosa que me está sirviendo mucho en mi caminar como madre.
Nacimiento de Azalak, mi proyecto terapéutico
Agradezco profundamente al Centro Laskurain, al que sigo perteneciendo y con el que sigo colaborando, y a las personas que han hecho y hacen posible este proyecto, por la oportunidad de crecer y de llenarme de tantas experiencias que llevo dibujadas en mi piel.
Con la pandemia algo cambió dentro de mi y decidí comenzar un camino de decrecimiento; menos es más. Esto, unido a pérdidas familiares muy dolorosas que cambiaron mi organización familiar y a la ilusión de ser madre que latía cada vez más fuerte dentro de mi, me llevaron a tomar la decisión de abrir un espacio nuevo, un Centro Sanitario en el que especializarme en personas adultas, Terapia Familiar y de Pareja.
Así llego al momento presente, en el que presento mi Centro Sanitario y mi proyecto terapéutico Azalak, como un espacio de búsqueda creativa para aquellas personas que necesiten cambiar de piel y encontrar su propia medicina; aquellas familias que deseen contar con ayuda para encontrarse o rencontrarse emocionalmente, ordenar y dar un mejor lugar a cada miembro de la familia y; aquellas parejas que quieran un acompañamiento para sanar su relación y construir un vínculo más consciente que les permita crecer individualmente una/o al lado del/a otro/a.
