El cuidado, la conexión y la aceptación.

A lo largo de mi formación y mi vida profesional he bebido de muchas fuentes. Ninguna de ellas sació mi sed, pero todas ellas me han enriquecido y nutren mi labor terapéutica acompañando personas. Estas fuentes son; la Terapia Sistémica Familiar y de Pareja, las Constelaciones Familiares; la Terapia Corporal Bioenergética, la Gestalt, la Psicología de los Eneatipos, la Psicomotricidad, la Arteterapia, la Terapia de Arraigo Sexual, la Terapia de Contención, la Psicosomática y el Clown o el Arte del/a Payaso/a.

Todas estas ramas de sabiduría inagotables y la propia escuela de la Vida, me han dado muchos recursos para acompañar. He aprendido que cada persona tiene una esencia única y genuina, y cada ser cuenta con lo necesario para realizar la alquimia de su propia medicina. Estos recursos no contienen la solución, tan sólo son mapas para guiar a las personas en su travesía hacia el encuentro de si mismas y de su bienestar.

Experimenté en carne propia estas técnicas. Estas experiencias me ayudaron y me siguen ayudando a encontrar la luz en mi propio camino, y esta honestidad de saberme alguien que se pierde y se encuentra cada vez, es también un valioso recurso que pongo al servicio de mi labor como acompañante: mi propia autenticidad.

Creo profundamente que el cuidado, la conexión y la aceptación sin juicio son fundamentales para acompañar a las personas en el proceso de enfrentarse a sus miedos y dificultades. El amor y la autenticidad tienen un potencial sanador para la terapia, y aportan la seguridad necesaria para desnudarse, mirarse despojada/o de defensas y máscaras y rencontrarse con la propia esencia. De la aceptación de la propia vulnerabilidad y el rencuentro con la propia fuerza podrá surgir la valentía para atreverse a ser una/o misma/o. Y esto no es otra cosa que la posibilidad de estar presente, abierto y vulnerable, como nos enseña el Arte del/a Payaso/a.

Finalmente quiero traer aquí un pequeño rastro del grandísimo legado que nos dejó Claudio Naranjo; “Somos seres tricerebrados”. Evolutivamente contamos con un cerebro instintivo que regula nuestras funciones más automáticas como el ataque y la huída, un cerebro emocional o mamífero responsable de nuestra capacidad de sentir y vincular, y finalmente, un cerebro racional, que nos otorga funciones intelectuales superiores. Entiendo la terapia como un espacio que comprende el trabajo a través de la palabra, el símbolo y la narrativa para llegar a nuestro centro intelectual; el vínculo y la expresión emocional para acceder a nuestro centro emocional y finalmente, el trabajo corporal, sexual y sensitivo para llegar a nuestro centro instintivo o de la acción. Un trabajo integral para conectar todo nuestro potencial humano.