
Podríamos definir la pareja como dos personas que se cuentan que son pareja y dentro de esta definición caben tantas parejas cómo sea posible imaginar.
Las razones por las que dos personas deciden caminar juntas son infinitas; para acompañarse en el camino de la vida, para sobrellevar la dificultad, para construir una familia propia y salir de sus familias de origen, para compartir disfrute y sexualidad… Incluso puede ocurrir que nunca hayan consensuado de forma clara lo que espera cada una y caminen a ciegas.
Sea como fuere, en el camino esa identidad de la pareja comienza a desdibujarse a medida que van ocurriendo cosas y se van pasando etapas vitales; crianza, dificultades en las familias de origen, pérdida del deseo y la motivación para seguir construyendo pareja, vínculos con terceras personas, crisis personales, conflictos y duelos sin resolver…
A medida que la vida avanza los caminos se van separando y es necesario actualizar el vínculo de la pareja para darle un nuevo significado y adaptarlo a las circunstancias presentes y a las necesidades de los miembros de la pareja. Y esto requiere creatividad y valentía para cambiar la historia que nos contamos y dejar de leer la relación en términos de poder o de quién tiene “la razón”, para leerla en función de lo que cada quien puede hacer para crecer y permitir que crezca la relación de pareja.
La terapia de pareja es por tanto un espacio en el que compartir el sentir de sus miembros, sanar las heridas y deudas que se han ido acumulando, reconocer la forma de dañar y manipular al otro y llegar a un acuerdo para construir de forma conjunta un nuevo vínculo de pareja, ó aceptar con agradecimiento que el camino que se ha venido compartiendo ha llegado a su fin.
Para ello es fundamental atender el conjunto de la pareja, esto es, las vivencias, sentires y necesidades individuales de cada persona y la historia de la propia relación. Se trata de crear un espacio seguro en el que cada miembro pueda tomar conciencia de sí y del/a otro/a, de la historia vital y familiar que le ha hecho ser y comportarse como lo hace.
Un espacio acompañado en el que comunicarse de una forma diferente para entender lo que es fundamental para el otro y lo que necesita para crecer. Una oportunidad para recobrar la intimidad perdida y hacer un pacto de no agresión para atreverse a desnudarse y tal vez, encontrar la manera de ser uno mismo junto al otro.

